opinión de Meynardo Vazquez.
Historiador y Escritor.
Monterrey
Los Regios de ahora no somos distintos a los habitantes de otras regiones de México y del mundo, somos xenófobos (el escarnio nos brota frente a las indias y los indios que trabajan como empleados de servicio en esta ciudad) autoritarios, consumistas, derrochadores de recursos.
Quizá la diferencia, para mala suerte de regiomontanos y nuevoleoneses, sea contar con una elite social que ha usufructuado los bienes económicos de sus antepasados y que manipula el poder político, sin importar las siglas o colores de los partidos; además, ha impuesto al común de la sociedad su forma de vivir, derrochar, consumir y manipular, a través de El Norte y los canales de televisión todos, las frecuencias de radio (aquí sí con algunas excepciones que llegan de la capital o de las universidades, y son las de menor rating).
Hace algunas décadas, los abuelos de los integrantes de estas élites convivían con los creadores de la ciudad, pintores, músicos, actores, cantantes, arquitectos, fotógrafos, torero y escritores. Los apellidos Llaguno, Garza Sada, Zambrano, Guajardo y otros llenaron, durante casi todo el siglo XX, páginas de los diarios de la época, constatando su interlocución cotidiana y, don Alfonso Reyes, los llamó “héroes en mangas de camisa”.
Cuando en los sesenta y setenta las luchas políticas en Monterrey se acentuaron y se llegó a la confrontación, esos actores se distanciaron cancelando la comunicación, dejó de practicarse la autocrítica y nadie perdonó a nadie. De entonces a la fecha aquella interlocución de la elite empresarial de Monterrey se establece con actores de la farándula, conductoras y conductores de TV, siempre y cuando sean Chic. Como se dice entre la raza, “dinero y poder mata ideas”.







